Max Mara presentó su colección Crucero 2025/26 en uno de los enclaves más majestuosos de Italia: la Reggia di Caserta. Un escenario de esplendor barroco que acogió una propuesta cargada de evocaciones históricas, referencias cinematográficas y un homenaje explícito a la feminidad italiana, interpretada desde la mirada contemporánea de Ian Griffiths. La maison rindió tributo a la mujer napolitana, símbolo de orgullo, carácter y sensualidad natural, cuya energía indomable ha inspirado generaciones.

La colección, que dialoga sutilmente entre pasado y presente, recurre a siluetas emblemáticas del cine italiano de mediados del siglo XX. Los pantalones cortos que Silvana Mangano inmortalizó en Riso Amaro y las faldas amplias con bolsillos geométricos se reinterpretan junto a sujetadores bandeau, tops de cuellos amplios y vestidos lenceros de refinada caída. Cada pieza, concebida con maestría, traslada la esencia de una época a la mujer actual, fusionando sensualidad, sofisticación y funcionalidad.

Uno de los aciertos más notables de la colección es la colaboración con la histórica firma napolitana E. Marinella. Sus célebres estampados de corbatas de 1951 se convierten en protagonistas de pijamas de seda y jerséis de cachemir bordados, aportando un guiño gráfico y elegante al conjunto de la propuesta. Camisas de rayas en una paleta viva de colores y tejidos ligeros aportan ritmo y contraste visual.

En cuanto a tonalidades, la firma mantiene sus códigos sobrios con negros, beige y camel, que conviven armónicamente con destellos de rosa empolvado y celeste, evocando la calidez del Mediterráneo y el cromatismo de las antiguas fotografías italianas. La riqueza textil destaca en abrigos de silueta clásica con cinturones marcados y detalles de flecos, vestidos palabra de honor en paño denso adornados con cristales y estructuras internas de tul de seda que asoman discretamente en los escotes.