El desierto de Atacama deslumbra con sus paisajes infinitos, su cielo estrellado y la riqueza de su cultura ancestral, pero también guarda secretos que solo se revelan en la cocina, como hierbas, frutos y tradiciones que por siglos han nutrido a la comunidad Licanantay. Fue precisamente esa memoria la que inspiró al chef Javier Avilés, creador de La Pulpería Santa Elvira, ubicada en el puesto 57 de Latin America’s 50 Best Restaurants 2025, a trasladarse por una semana al Nayara Alto Atacama en San Pedro para rendir homenaje al territorio a través de una experiencia gastronómica irrepetible.
En pleno desierto, el chef Avilés diseñó un menú degustación que reinterpretó los paisajes y sabores del altiplano, acompañado de un maridaje orgánico de Viña Miguel Torres. Cada plato fue un puente entre tradición y creatividad con hierbas recolectadas en la zona, productos locales y clásicos de la cocina nortina que cobran nueva vida en manos del chef. Entre las creaciones más destacadas estuvieron una empanada frita de guanaco con pebre de cachiyuyo, lengua estofada con crema de papa andina y salsa de algarrobo, o una humita con charqui de llama y chicha de maíz dulce. El cierre, igualmente sorprendente, incluyó un sorbette de granadas fermentadas con gomita de hoja de coca y muña muña, además de una crema volteada de chañar, homenaje a uno de los frutos más emblemáticos del desierto.
“Me pareció atractiva la invitación porque amo el desierto de Atacama: viví aquí y lo encontré maravilloso. Fue también una oportunidad para que mis hijos conocieran este lugar increíble. Aprovechamos el viaje para trabajar con recolectores, productores y escritores locales, y así poder llevar un pedacito de San Pedro a Santiago”, comenta Avilés, quien adelantó que esta experiencia será el punto de partida para un menú de degustación dedicado a la II Región que se servirá en La Pulpería Santa Elvira entre octubre y enero.
Para Avilés, cocinar en Atacama significa leer el paisaje. Lo más importante siempre es la comida, pero trato de interpretar lo que me rodea. En esta puesta en escena, el desierto fue protagonista, explica mientras cada plato parece narrar esa historia entre aromas, texturas y sabores que solo este rincón del mundo puede ofrecer.
Más allá de un gesto culinario, la experiencia reafirma el compromiso de Nayara Alto Atacama por proyectar la identidad del territorio a través de la cocina.
«Nuestro propósito es ser embajadores del lugar donde estamos», explica Jorge Díaz, chef ejecutivo del hotel. «Conocer Chile no es solo recorrer paisajes, también es descubrir lo que se cultiva y se come en cada región. Por eso trabajamos con materia prima local y sorprendemos a los huéspedes con preparaciones como una crème brûlée de chañar que rescata la esencia del desierto».
Desde la mirada de la administración, la propuesta busca posicionar la gastronomía de Atacama como un referente cultural de lujo con raíz local. «Para nosotros lo relevante es mostrar que la riqueza de Atacama va más allá de sus paisajes», asegura Pablo Ferral, gerente general de Nayara Alto Atacama. La misión es transformar ingredientes únicos en experiencias memorables de esas que los huéspedes se llevan como recuerdo imborrable.
La colaboración entre Javier Avilés y Nayara Alto Atacama inaugura un capítulo donde el desierto se convierte en protagonista y fuente de inspiración creativa. Cada plato, cada detalle de la experiencia, refleja la riqueza de la cultura local y la transforma en una vivencia única. Esta cena anticipa una serie de residencias y eventos que Nayara desarrollará en Chile, reafirmando su posición como referente en experiencias de lujo con identidad y raíz local.
Con presencia en Costa Rica, Panamá y Chile, Nayara se ha consolidado por su hospitalidad, diseño y compromiso con la sostenibilidad. Hoy busca que la gastronomía sea un puente entre la riqueza natural y cultural de cada destino y quienes lo visitan, ofreciendo momentos que permanecen en la memoria mucho después de dejar el entorno urbano.